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Llamado a estudiar Apocalipsis

Hermosa gráfica de  la Puerta abierta en el cielo. Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado.

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado.” Apocalipsis 4:1-2.

 

Amado lector:

He dedicado miles de horas al estudio de Apocalipsis y la preparación del comentario Análisis de las profecías y visiones. No lamento el tiempo y energía invertidos, pues todo el proyecto ha redundado en grandes bendiciones para este servidor, como también para otros estudiosos de las revelaciones dadas al apóstol Juan en Patmos, según testifican algunos.

Andaba por los 57 años de edad cuando me pidieron que impartiera un curso sobre Apocalipsis a los alumnos de la Escuela de Estudios Bíblicos Avanzados, de la Iglesia de Cristo en Puerto Rico. Hasta aquella hora en mi trayectoria espiritual, cuando me preguntaban sobre temas de Apocalipsis solía repetir ciertas interpretaciones que había leído en distintos comentarios, pero en mi interior no dejaba de sentir inquietudes y dudas respecto a sus explicaciones. Así que, ¡a estudiar asiduamente por mi propia cuenta! Interminables horas. Leyendo y releyendo muchísimas veces el texto de Apocalipsis. Ubicándome, mentalmente, allá en la isla de Patmos, a fines del Siglo I. Mirando desde allá a través de los siglos de la Era Cristiana hasta el presente. Fijando parámetros de tiempo conforme a indicaciones en el texto inspirado. Luego, escudriñando historia, mucha historia, a ver si lo transcurrido después del Siglo I, aun lo acontecido antes del Siglo I, arrojara luz sobre lo profetizado y las visiones. También tomando muy en cuenta las corrientes y aconteceres significantes del presente tiempo. Acompañadas mis indagaciones siempre con plegarias al Omnisciente por entendimiento y sabiduría. Al ir aumentando sustancialmente mi conocimiento y entendimiento de tan amplias materias, sentía cada vez más convicción de haber encontrado, con la ayuda del Señor, muchas explicaciones y aplicaciones razonables. Al menos satisfacen, en gran medida, mi propio espíritu e intelecto. Pese a que aún existen lagunas.

Me quedé realmente admirado, es más, estupefacto, al comprobar el cumplimiento de tantas profecías precisas y de gran alcance, asombro que aflora de nuevo cada vez que piense en Apocalipsis o trate su contenido en escritos o clases. “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio…”  son las primeras palabras del libro, y verdaderamente, me he convencido de que el libro no es una obra apócrifa de invenciones fantasiosas sin sentido o valor sino el producto genuino del Ser Supremo capaz de revelar anticipadamente muchos eventos y circunstancias de la Era que comenzó con Cristo y los apóstoles, extendiéndose hasta el presente momento.

Amable estudiante de las Sagradas Escrituras, si usted quisiera tener la misma convicción y disfrutar la bienaventuranza divina ofrecida al que lee u oye “las palabras de esta profecía”, guardando “las cosas en ella escritas” (Apocalipsis 1:3), respetuosa y humildemente le invito a escudriñar las evidencias y análisis que condujeron a mi propia convicción, trayéndome, indigno que soy, la gloriosa bienaventuranza prometida. “Bienaventurado el que lee…”

Opino que hablar o enseñar sobre Apocalipsis sin haberse esforzado para adquirir el imprescindible conocimiento de la historia humana vital para una interpretación acertada y armoniosa solo lo haría el expositor neófito, incauto, irresponsable, etapa por la cual pasó este servidor, confieso. Por cierto, el libro es “alimento sólido” (Hebreos 5:11-14), y por ende, al “inexperto en la palabra” no le corresponde disertar sobre su contenido altamente retórico y complicado. Tampoco al analfabeto o al de poca preparación académica, los cuales deberían tener la humildad y sensatez de reconocer sus limitaciones, no ofendiéndose por estas observaciones sino procurando contribuir a la causa de Dios conforme a sus habilidades y circunstancias particulares. Y además, qué tengan en cuenta las observaciones y advertencias del apóstol Pedro para “indoctos e inconstantes” que “tuercen” cosas “difíciles de entender… como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (2 Pedro 3:16). Añadimos: para la desorientación peligrosa o perdición de quienes les hagan caso. Desde luego, no faltan osados, entre ellos personas sin letra, que digan algo como Dios me ha dado la interpretación correcta de Apocalipsis, tendiendo estos a hacer enseguida pronunciamientos torpes que contradicen claras doctrinas reveladas por el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento o que descubren ignorancia crasa de hechos históricos. “Esto, para la mente que tenga sabiduría…” (Apocalipsis 17:9).

No que pretenda el que escribe haber alcanzado perfecto entendimiento en todas las materias difíciles de Apocalipsis ni que sea dogmático en las explicaciones desarrolladas. Más bien, al presentar al público el comentario Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones, me apoyo en las tantas investigaciones hechas y muchísimas evidencias recopiladas como razones de peso que justificaran el escrutinio cuidadoso y objetivo de la obra.

Al interesado que quisiera leer solo el texto del comentario le recomendamos seguir la secuencia de estudios en la Lista de temas para Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones.

Para el que deseara incluir en sus estudios las muchas gráficas ilustrativas, o para el que decidiera impartir clases sobre Apocalipsis, usando el comentario como guía, está disponible la Lista de temas e imágenes para Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones.

Su servidor en el Señor, Homero Shappley de Álamo

 

Sr. Hombre Profesional Joven, me parece haberle visto en Apocalipsis.

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