create counter
Regístrese para recibir notificaciones de nuevos materiales. Reciba gratis 100 himnos en PowerPoint al enlazar a nuestro sitio.

Archivos en PDF para el comentario Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones

Índice de SOLO los TEXTOS que componen el comentario Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones

Desglose del contenido completo del comentario Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones, incluso las imágenes.

Contenido completo del Capítulo Diez

APOCALIPSIS

Capítulo Diez de
 Análisis de las profecías y visiones

Tema 6

 “La primera resurrección”

PDF de este estudio

 

arthurdouet com gallery a_overlighting_australia_500x380[1]

www.arthurdouet.com

Apocalipsis 20:4-6

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar, y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrecciónla segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.”

I.  Introducción. El evento único y maravilloso que acontece al principio del Milenio es el siguiente: ¡los mártires resucitan de verdad, y no meramente de forma figurativa, para reinar en realidad, y no figurativamente, con Cristo durante el Milenio! Este evento se identifica como la “primera resurrección” (Apocalipsis 20:5-6).

II.  Seis razones que nos persuaden a catalogar la "primera resurrección" como REAL, es decir, ocurre de verdad, y no meramente en sentido figurado.

A.  Primera razón. El apóstol Juan ve las “ALMAS” de los creyentes físicamente MUERTOS (Apocalipsis 20:4), y no los cuerpos carnales de cristianos vivos en la tierra“…y vi las almas de los decapitados.” Reiteramos y subrayamos: “almas”. No se trata de almas que moren en cuerpos de carne y sangre sino de almas que abandonaron cuerpos físicos “decapitados”.

1.  En las escenas que toman lugar en esta visión aparecen seres que habían vivido en la tierra, sufriendo el martirio al rehusar renunciar su fe en Cristo. Muertos cruel e injustamente a manos de incrédulos, a estos mártires se les concede el incomparable privilegio de resucitar antes de “los otros muertos”, no volviendo a vivir estos “otros… hasta que se cumplieron mil años” (Apocalipsis 20:5).

2.  Claramente, el apóstol Juan ve a seres que habían sido resucitados actualmente de entre los que habían muerto físicamente. Las circunstancias de la visión no permiten interpretarla simbólica o retóricamente.

B.  Segunda razón. Estas “almas” de los mártires se encuentran en el CIELO y no en la tierra.

1.  Viven y reinan “con Cristo” (Apocalipsis 20:4 y 6). Cristo vive y reina en el cielo, a la diestra de Jehová. Así pues, estando estas almas “con Cristo”viven y reinan en el cielo donde está Cristo a la diestra de Jehová. Ciertamente, no viven y reinan en la tierra ya que sus cuerpos físicos fueron decapitados “por causa del testimonio de Jesús” (Apocalipsis 20:4).

2.  ¿Cómo llegan estas “almas” al cielo? Se sobreentiende que Dios las traslada del Paraíso, adonde va el alma de todo justo que muere en el Señor (Lucas 16:19-31), vistiéndolas de sus nuevos cuerpos resucitados –cuerpos espirituales y glorificados, hechos inmortales (1 Corintios 15:42-58)- llevándolas al cielo y sentándolas con Cristo.  

 B.  Segunda razón. Estas “almas” de los mártires se encuentran en el CIELO y no en la tierra.

1.  Viven y reinan “con Cristo” (Apocalipsis 20:4 y 6). Cristo vive y reina en el cielo, a la diestra de Jehová. Así pues, estando estas almas “con Cristo”, viven y reinan en el cielo donde está Cristo a la diestra de Jehová. Ciertamente, no viven y reinan en la tierra ya que sus cuerpos físicos fueron decapitados “por causa del testimonio de Jesús” (Apocalipsis 20:4).

2.  ¿Cómo llegan estas “almas” al cielo? Se sobreentiende que Dios las traslada del Paraíso, adonde va el alma de todo justo que muere en el Señor (Lucas 16:19-31), vistiéndolas de sus nuevos cuerpos resucitados –cuerpos espirituales y glorificados, hechos inmortales (1 Corintios 15:42-58)- llevándolas al cielo y sentándolas con Cristo.  

 
En esta pintura esotérica, cuerpos transformados de terrenales a espirituales se elevan por encima del planeta Tierra, ilustración para el estudio sobre la Primera resurrección de Apocalips 20, en editoriallapaz.org.

“Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual” (1 Corintios 15:42-44). “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos” (Apocalipsis 6:9-11).

a)  El nuevo cuerpo que reciben los mártires resucitados en la “primera resurrección” no es uno de carne y sangre sino el cuerpo “espiritual”, poderosogloriosoincorruptible e inmortal (1 Corintios 42-44) prometido a todos “los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos” (Lucas 20:35).

b)  Tengamos presente que el alma misma no pierde su vida al morir el cuerpo físico. Por tanto, no es menester resucitarla ya que no ha muerto. Así pues, lo que resucita real y verdaderamente es el cuerpo, pero no el mismo cuerpo físico depositado en la tumba sino el cuerpo transformado, hecho “cuerpo espiritual” (1 Corintios 15:42-44; Filipenses 3:20-21; 1 Juan 3:2).

c)  El apóstol Juan ve “almas”. El uso del vocablo “almas” no quiere decir, necesariamente, que Juan viera en la visión “almas” desnudas, es decir, sin cuerpo (2 Corintios 5:1-10). De hecho, se sobreentiende que estas “almas” de los mártires estaban “vestidas” de su nuevo cuerpo, pues se trata de personas resucitadas. Entre nosotros que aún vivimos en la tierra, hay la costumbre de utilizar la palabra “alma” en referencia a seres humanos que habitan cuerpos de carne y sangre. Por ejemplo, el predicador dice a una congregación de personas vivas en la tierra: “Ustedes son almas”, y de hecho, lo son, pero no son almas separadas del cuerpo físico sino almas que aún habitan sus casas terrestres o tabernáculos terrenales (2 Corintios 5:1-2). Asimismo, las “almas” que vio Juan no son almas desnudas, es decir, que no tengan habitación o cuerpo, sino que están revestidas de su nuevo y perfecto “cuerpo espiritual”.

C.  Tercera razón. La "primera resurrección" debe interpretarse como real, y no meramente figurativa, porque los santos que participan en ella resucitan, no para volver a vivir en la carne, tal cual le pasó, por ejemplo, a Lázaro, sino para permanecer eternamente con Dios. Sabemos que esto es así porque “la segunda muerte no tiene potestad sobre” ellos (Apocalipsis 20:6).

1.  La “segunda muerte” es el infierno, identificado también como “el lago que arde con fuego y azufre” (Apocalipsis 20:14; 21:8).

2.  “…no tiene potestad sobre ellas” significa que no será nunca más una amenaza para ellas. ¿Por qué “nunca más”? Porque estas almas jamás volverán a la tierra para vivir en cuerpos de carne y sangre. Por consiguiente, las tentaciones y la maldad no volverán a atacarlas jamás.

3.  Si la “segunda muerte” jamás puede ser ni siquiera una amenaza para los que participan en la "primera resurrección"se deduce que ellos no están en la tierra sino en un lugar totalmente seguro, más allá del alcance de la terrible “segunda muerte”. Ese lugar es el cielo de Dios, y llegan allá al ser levantados en la "primera resurrección". En definitiva, la "primera resurrección" es real, y por ende, irreversible e irrevocable. Los que en ella participan no volverán jamás a morir.

D.  Cuarta razón. La "primera resurrección" debe interpretarse como real, y no figurativa, porque se trata de un evento que ocurre en determinado tiempo de la Era Cristiana, a saber, al principio del Milenio.

1.  No ocurre en infinitas ocasiones a lo largo de la Era Cristiana, desde Pentecostés hasta el fin del mundo, sino en una hora o tiempo determinado, específicamente, al principio del Milenio.

2.  No ocurre ANTES del Milenio, durante la época cuando Satanás engañaba a las naciones, sino al principio del Milenio cuando Satanás queda atado.

3.  No ocurre durante el tiempo cuando la iglesia verdadera estaba siendo perseguida, sufriendo algunos cristianos el martirio, sino después de la primera época de mártires.

a)  La “Primera época de mártires” duró desde casi el comienzo de la iglesia hasta el tiempo cuando Cristo conquistó a los “diez cuernos”, es decir, hasta el tiempo cuando las naciones representadas por los “diez cuernos” desechan el yugo de Satanás, desistiendo de perseguir a la iglesia verdadera y matar a los santos.

b)  La “Segunda época de mártires” es la del “poco de tiempo” cuando el número de los mártires será completado (Apocalipsis 6:11).

4.  Lógicamente, la "primera resurrección" no podía ocurrir ANTES de la muerte de los mártires, pues ¡estos debían ser muertos para que se efectuara la "primera resurrección" conforme a los parámetros de la visión apocalíptica. ¿Quiénes participan en la "primera resurrección"? Los mártires. No habiendo mártires, la "primera resurrección" ¡jamás se efectuaría! ¿Cómo puede un maestro de escuela premiar a los alumnos que se destacan en su clase de no contar él, en primera instancia, con tales alumnos? Para poder premiarlos, ¡primero es necesario que haya alumnos destacados! Esto es axiomático. Asimismo, para efectuarse la resurrección de los mártires, era preciso que hubiera mártires. Dicho de otro modo, el martirio de algunos cristianos debía tomar lugar anteriormente para que transcurriera luego la "primera resurrección", y premiara Cristo a los mártires, concediéndoles el privilegio y honor de compartir su trono durante el Milenio.

E.  Quinta razón. La "primera resurrección" ha de interpretarse como real, y no meramente figurativamente, porque la SEGUNDA resurrección será real.

1.  Siendo real la segunda resurreccióntambién lo sería la primera, ya que, gramaticalmente, las dos pertenecen a la misma categoría.

2.  Deducimos que las dos resurrecciones de Apocalipsis 20 pertenecen a la misma categoría por el uso de la frase “los otros muertos” en Apocalipsis 20:5. “Los otros muertos” significa “el resto de los muertos”. El vocablo “otros”, al igual que “resto”, implica “de la misma categoría”. ¿Quiénes son los “otros muertos”, o sea, “el resto de los muertos”? Por cierto, no son los pecadores que murieran sin haber obedecido al evangelio sino los demás “muertos en Cristo”. Es decir, son los cristianos que se mantienen fieles hasta la muerte pero que no figuran como mártires, muriendo más bien de causas naturales o de accidentes. Estos “otros muertos” experimentarán una resurrección real, y no figurativa, cuando llegue el “día del Señor”, acompañando luego a Cristo en su Segunda Venida (1 Tesalonicenses 4:16-17). Dado que los “otros muertos” resucitan de tal manera en la segunda resurrección, lógicamente los que resucitan en la "primera resurrección" también resucitan de verdad, y no, en definitiva, figurativamente. Interpretar la "primera resurrección" como figurativa, pero la segunda como real, hace violencia a la gramática y sintaxis del pasaje, como también al sentido natural de la visión.

F.  Sexta razón. La "primera resurrección" ha de interpretarse como real, y no figurativa, porque el contexto de la palabra “resurrección” en Apocalipsis 20:4-6 no indica algún uso figurativo. Exegéticamente, los vocablos se entienden literalmente a menos que el contexto requiera lo contrario.

1.  Esta misma regla aplica a todo vocablo. Por ejemplo, la palabra “bautismo” se entiende literalmente como “inmersión en agua”, a menos que el contexto indique el uso figurativo, como por ejemplo, en Lucas 3:16, donde Juan el Bautista dice de Cristo: “Él os bautizará en Espíritu y en fuego. Cristo no iba a bautizar físicamente a sus discípulos “en fuego” material sino sumergirlos en pruebas con el propósito de probar y pulir su fe. “No os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido” (1 Pedro 4:12. Comparar 1 Pedro 1:6-7.). Así que, en estos contextos, tanto “bautizará” como “en fuego” se entienden ambos términos figurativamente, y no materialmente.

2.  Volviendo al contexto de Apocalipsis 20:1-10, no discernimos factor o circunstancia alguna que nos indique u obligue a interpretar figurativamente el vocablo “resurrección”, en la frase “primera resurrección”. Por lo tanto, la interpretación literal es la más natural, siendo a la vez la que armoniza con la gramática y el contexto. Veremos que tampoco contradice ninguna otra doctrina bíblica.

III.  Ocho razones para concluir que la “primera resurrección” NO puede ser una “resurrección figurativa”. Nos referimos particularmente a la “resurrección” que acontece cuando la persona arrepentida se bautiza y “resucita” para andar “en vida nueva”. Identificamos como “figurativa” la “resurrección” enseñada en Romanos 6:3-9 y Efesios 2:1-7, ya que obviamente NO es “literal”, pues ni el cuerpo físico ni el alma de la persona muerta “en sus delitos y pecados” pierde su vida. Por consiguiente, ni el uno ni el otro resucita literalmente al obedecer el pecador al evangelio.

A.  Primera razón. Una "resurrección figurativa" ocurre cuandoquiera y dondequiera algún ser humano se convierta al Señor, comenzando desde el día de Pentecostés hasta el fin del mundo y del tiempo. En cambio, la "primera resurrección" ocurre en un tiempo delimitado de la Era Cristiana, a saber, al principio del Milenio.

B.  Segunda razón. La “segunda muerte” puede tener, potencialmente, “potestad” sobre toda persona que “resucita” de las aguas bautismales. El peligro es real porque el cristiano puede caer de la gracia (Gálatas 5:4), no obstante la doctrina de “salvo, siempre salvo”, la cual carece totalmente de respaldo bíblico.

1.  “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero” (2 Pedro 2:20-22). Decidida e irrefutablemente, la “segunda muerte” tiene potestad sobre estos seres humanos señalados por el apóstol Pedro, a menos que se arrepientan (Santiago 5:16; 2 Corintios 12:20-21).

2.  En cambio, la “segunda muerte” nunca puede tener “potestad” sobre los que participan en la "primera resurrección", ya que ellos no viven en la tierra, ni volverán jamás a vivir en este planeta, y por ende, jamás serán tentados de nuevo ni pecarán.

C.  Tercera razón. Los que “resucitan” de las aguas bautismales siguen viviendo en la tierra. En cambio, los que son contados dignos de participar en la "primera resurrección" se encuentran en el cielo “con Cristo”.

D.  Cuarta razón. Quienes “resucitan” de las aguas bautismales, “resucitan” para luchar su salvación hasta morir físicamente en la tierra, o hasta la Segunda Venida de Cristo. En cambio, los que participan en la "primera resurrección" ya ganaron su salvación y tienen la dicha de reinar con Cristo “mil años” en el cielo.

1.  Los cristianos en la tierra somos “reyes y sacerdotes” del Señor (Apocalipsis 1:6), siempre y cuando no caigamos de la gracia. Con frecuencia, el cuerpo carnal, con sus necesidades, pasiones y debilidades, limita o perjudica nuestra función espiritual de “rey” y “sacerdote” espiritual en la tierra. Aún no hemos sido coronados con la “corona de justicia” (2 Timoteo 4:8), o con la corona “incorruptible” de vida eterna (1 Corintios 9:25); aún no hemos sido glorificados. “Y no contristéis al Espíritu Santo…” exhorta el apóstol Pablo (Efesios 4:30), peligro vivo mientras prosigamos nuestro peregrinaje en el mundo material.

2.  Por otro lado, los mártires resucitados en la "primera resurrección" son glorificados, alcanzando el excelente e irrevocable rango de “sacerdotes de Dios y de Cristo” (Apocalipsis 20:6), siendo perfeccionados en su vida y ministerios espirituales (Hebreos 12:23), habiendo sido hechos por Dios inmunes al pecado y a la muerte.

E.  Quinta razón. Solo un número reducido de los que “resucitan” de las aguas bautismales sufre el martirio. Por el contrario, son mártires TODOS los que participan en la "primera resurrección" (Apocalipsis 20:4).

F.  Sexta razón. El apóstol Juan no vio los cuerpos carnales de los que “resucitan” de las aguas bautismales en la tierra sino las “ALMAS de los decapitados” (Apocalipsis 20:4). Él no vio a personas vivas en la tierra sino las almas de personas que habían sido muertas físicamente.

G.  Séptima razón. Aquellos que “resucitan” de las aguas bautismales “resucitan” de la muerte espiritual causada por el pecado (Efesios 2:1-2; Romanos 6:23). En cambio, los que participan en la "primera resurrección" resucitan de entre los que han sufrido la muerte física. En el contexto de “muerte espiritual”, la “muerte” es figurativa, ya que ni el cuerpo ni el alma queda literalmente “sin vida” a causa del pecado. “Muerte” figurativa, “sepultura” figurativa, “resurrección” figurativa: esto es lo que sucede en el caso de los que se arrepienten para luego “sepultarse” en las aguas y “resucitar” para andar “en vida nueva”. El panorama impresionante del “Pecador muerto en el pecado, sepultado en las aguas bautismales y resucitado para vida nueva” es confeccionado de figuras retóricas, las que representan gráficamente el proceso de pasar de “muerte espiritual” a “vida espiritual”.

H.  Octava razón. “…los otros muertos” de Apocalipsis 20:5 no son “el resto” de los que están “muertos en sus delitos y pecados” sino los demás cristianos que mueren físicamente “en Cristo”, muriendo de causas naturales o de algún accidente.

1.  Si los que participan en la "primera resurrección" son los que “resucitan” de entre los que están espiritualmente “muertos en sus delitos y pecados”, entonces hemos de concluir, lógicamente, que “los otros muertos” son “el resto” de los que están “muertos en sus delitos y pecados”. No perdamos de vista que tanto el contexto, como la gramática y la sintaxis del pasaje, dejan ver claramente que los dos grupos, es decir, por un lado, los participantes en la "primera resurrección", y por el otro, “los otros muertos”pertenecen a la misma categoría. Tal los de la “primera resurrección”, tal “los otros muertos”.

2.  Tengamos presente el hecho de que “los otros muertos” resucitan después del Milenio. Suponiendo que “los otros muertos” sean “el resto” de los que están “muertos en sus delitos y pecados”, semejante interpretación significaría que el resto de los que están “muertos en sus delitos y pecados” resucitarían después del Milenio. Pero, semejante proyección carece de sentido, pues los pecadores que no obedecen al evangelio antes de morir, ¡jamás resucitarán para vida eterna! Y bien se sabe que después de la muerte no pueden arrepentirse para salvación. Por lo tanto, se desmorona completamente el argumento según el cual la "primera resurrección" debería aplicarse a los que “resucitan espiritualmente”. Sinceramente, no le encontramos sentido o lógica alguna.

IV.  Analicemos tres objeciones a la interpretación de la “primera resurrección” como literal.

A.  Se argumenta que la Biblia enseña una sola resurrección literal.

1.  Pero, es del todo evidente, conforme al análisis hecho, que la Biblia enseña dos resurrecciones literales en Apocalipsis 20.

2.  Se citan Juan 5:28-29 y Hebreos 6:2 en apoyo de la tesis de “una sola resurrección literal”. A nuestro parecer, estos textos no contradicen la enseñanza de dos resurrecciones literales dilucidada en Apocalipsis 20.

a)  Juan 5:28-29. “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” En este pasaje, Cristo no dice que todos los muertos, desde Adán hasta el último muerto en la tierra, estén en las tumbas cuando llegue el fin y que todos los muertos, desde Adán hasta el último muerto en la tierra, oigan en la misma hora la voz del Señor. Sencillamente dice: “Los que están en los sepulcros oirán su voz”. Obviamente, se excluyen a los mártires resucitados al principio del Milenio, ¡pues ya habrán resucitado para reinar con el Señor “mil años”! El resto de los muertos, tanto justos como malos, son los que se hallan en los sepulcros al llegar el fin, siendo ellos los que oirán la voz del Señor.

b)  Hebreos 6:2. “La resurrección de los muertos.” Singular, se señala, deduciéndose “una sola resurrección literal”. Sin embargo, aun Juan 5:28-29 pauta dos resurrecciones, a saber, la de “los que hicieron lo bueno” y la de “los que hicieron lo malo”. Además, Hebreos 11:35 identifica una “mejor resurrección”, implicando otra inferior. Por lo tanto, el vocablo “resurrección” de Hebreos 6:2 la entendemos en sentido global o genérico, y no como indicativo de “una sola resurrección literal en una sola hora determinada”.

B.  Se argumenta que Dios no hace acepción de personas y que, por lo tanto, los mártires no forman una clase privilegiada de santos. Según esta opinión, los mártires jamás reciben ninguna recompensa especial. La línea de argumentación es que todos los santos, tanto los mártires como los que mueren de causas naturales, son iguales ante los ojos de Dios, recibiendo de él la misma recompensa.

1.  Sin embargo, el Espíritu Santo enseña: “Cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor” (1 Corintios 3:8). ¿Qué es el criterio divino para impartir recompensas? “…conforme a su labor.” “Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Corintios 3:14-15).

2.  Todo santo que persevera hasta el fin recibirá la misma recompensa básica, a saber, la vida eterna. Y, sin duda alguna, toda persona salva pasará toda la eternidad llena de gozo y agradecimiento. Los premios (las recompensas) adicionales que otorgue Dios a los mártires, a los más sacrificados o a los obreros más dedicados y eficaces, ¿quién se los envidiará? En el cielo, ¡no seremos capaces de envidiar!

3.  Quien reste importancia a los “mártires”, colocándolos en el mismo nivel con los cristianos “cómodos” que nunca hayamos sentido el terror de gobiernos perseguidores o la furia fanática de los verdugos de la Santa Inquisición, tal vez debiera reevaluar su opinión de ellos. Quizá cambie su apreciación al proyectarse a sí mismo atado a una estaca para ser quemado vivo, con el cuello bajo la guillotina afilada, en el coliseo con leones hambrientos o echado en una oscura mazmorra malsana y húmeda donde pasen los años sin que ningún ser querido le visite jamás.

4.  No faltan quienes afirman que los cristianos del presente también son “mártires” por tener que soportar la “oposición sicológica” de los que no comparten su fe. ¿“Mártires” los tales? Entonces, ¿debemos concluir que todo cristiano fiel es un “mártir” de Jesús? ¡Gran diferencia existe entre, por una parte, la “tribulación mental” que sufren algunos creyentes y, por otra, las bárbaras torturas físicas que sufren los verdaderos mártires! ¡Gran diferencia discernimos entre la “angustia emocional” causada por los que solo lanzan palabras contra nosotros y, por otro lado, la “muerte violenta” a manos de perseguidores malvados llenos de rabia sectaria y venganza!

5.  Para este escritor, es causa de inmensa alegría saber que los verdaderos mártires tengan la muy merecida recompensa y dicha de reinar con Cristo “mil años”. ¡Se lo merecen con creces! Los visualiza este servidor allá con Cristo ahora mismo y mi alma se regocija contemplando tan fabulosa y conmovedora escena celestial.

6.  Además, la resurrección literal de los “mártires” puede tomarse como la garantía segura de que Dios resucitará también a los demás muertos en Cristo después del Milenio, cuando llegue el fin.

C.  Se pregunta: si la "primera resurrección" es literal, ¿por qué nadie vio a los mártires salir de las tumbas? La explicación es sencillísima: ¡porque el cuerpo resucitado es “espiritual” y, por lo tanto, ¡invisible para el ojo del ser humano en la tierra!

 

-Nota aclaratoria. Al resucitar Cristo, tomó un cuerpo visible por espacio de cuarenta días. Ascendiendo, se sobreentiende que recibió su cuerpo espiritual, pues el cuerpo material, de carne y sangre, no puede entrar en el reino de los cielos, según 1 Corintios 15:50. Lo que se ve es temporal, según 2 Corintios 4:18. Por lo tanto, se deduce que el cuerpo visible que Cristo habitó por cuarenta días era temporal, transformándose en “espiritual” al traspasar él las nubes.

 

Próximo estudio. “Todo ojo le verá.”

Archivos en PDF para el comentario Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones

Índice de SOLO los TEXTOS que componen el comentario Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones

Desglose del contenido completo del comentario Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones, incluso las imágenes.

Contenido completo del Capítulo Diez

 

Twittear Seguir a @editoriallapaz   

¿Le gusta esta página? Por favor, ayúdenos a difundir la información por medio de compartirla automáticamente con sus amistades de Facebook, Google+, LinkedIn, y Twitter pulsando en los botones arriba colocados.

¿Desea colaborar con esta obra? Este sitio de Internet es una obra sin fines de lucro. Su donación la recibirían los ancianos que administran el fondo, utilizándose exclusivamente para ayudar a mantener el sitio y difundir más su contenido por el mundo hispano-parlante. Si usted cuenta con tarjeta de crédito o cuenta de PayPal, pulse sobre el botón "Donar" arriba colocado para hacer su donación completamente voluntaria y del monto con el cual usted desea colaborar.

Derechos reservados. Permiso concedido para hacer una copia, o múltiples copias pero ninguna para la venta.