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Capítulo 1 del Comentario

Viaje en Naves del Tiempo a través de la
Era Cristiana para adquirir información y
perspectivas sobre eventos
y personajes importantes. 

Décima Parada

Llegamos al final de nuestro largo viajo, aterrizando en la islita de Patmos
y nos presentamos ante el anciano apóstol Juan. El año es el 95 d. C.

 

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10. Décima Parada. Con la cabeza llena de estas y muchas otras preguntas, rebosada la mente y alterados los sentidos por los tantos datos y las tantas impresiones recogidas durante nuestra travesía a través de mil novecientos años de historia, llegamos de repente al año 95 y a la pequeña isla de Patmos, en el mar Ageo, cerca de la provincia romana de Asia, hoy día perteneciente a Turquía.

See the source imagea) Aterrizamos, y bajando de nuestras naves, nos encontramos en la presencia del propio apóstol Juan, quien acaba de recibir las abundantes visiones audiovisuales de Apocalipsis. Aún está temblando, profundamente conmovido. Verlas y escribirlas en pergaminos para la iglesia y las gentes coetáneas, como también para la posteridad, lo ha dejado exhausto, casi desmayándose.

b) ¿Qué preguntas osamos hacer al anciano apóstol Juan sobre la interpretación de las profecías y visiones que ha tenido el incomparable honor de recibir? ¿Qué podría él explicarnos? ¿Qué entendimiento de ellas pudiera tener él?

See the source imagec) Según testimonios de Ireneo y Clemente de Alejandría, el apóstol Juan, librado del destierro en Patmos al fallecer el emperador romano Domiciano, seguía viviendo en la provincia romana de Asia “hasta los tiempos de Trajano”. Este era emperador de Roma desde el 98 hasta el 117 d. C.

Muriendo, pues, pocos años después de recibir las revelaciones divinas que componen el Apocalipsis, Juan no presenció el cumplimiento de casi ninguna de las tantas profecías y visiones enviadas a él en Patmos. No vio los lugares ni presenció personalmente los eventos que hemos visto en nuestro largo viaje a través de la “Dimensión del Tiempo”.

d) En cuanto a la interpretación de las profecías y visiones, la gran ventaja sería nuestra, siempre y cuando tengamos el conocimiento necesario de la historia, como además de las Sagradas Escrituras. Decididamente, tendríamos ventaja por la sencilla razón de que pertenecemos a un tiempo mil novecientos años después de la muerte de Juan. Han transcurrido más de diecinueve siglos después de que aquellas profecías y visiones fuesen dadas al apóstol Juan. Han tomado lugar incontables eventos impactantes en el mundo espiritual, moral, social, religioso y secular.

(1) Surge, naturalmente, la siguiente pregunta: ¿Es lógico que Dios no diera a su iglesia profecías sobre tan grandes eventos, ni en torno a entidades, tanto espirituales como seculares, que la afectaran drásticamente en su vida y obra?

El sentido común nos lleva a pensar que, ciertamente, Dios no hubiese pasado por alto todos estos siglos que hemos recorrido y todos estos acontecimientos tremendamente importantes para vastas multitudes de almas, dando profecías solo para tiempos modernos, o solo para un tiempo futuro a la fecha de partida para nuestro “Viaje”.

¿Acaso no haya profecías para los más de mil novecientos años entre el año 95 d. C. y estos últimos tiempos del siglo XX y el XXI? ¡Inconcebible!

¿O acaso se limitarían las profecías solo a la etapa antes del año 476 d. C., como postulan algunos, o antes del 312 d. C. cuando fue convertido Constantino?

¡Realmente inconcebible! Al menos para este servidor.

See the source imageText  Description automatically generatedMediante la conversión de Constantino, se desencadenó una serie de acontecimientos que resultó en la eventual "coronación" del "hombre de pecado". Luego, a consecuencia de la elevación de la iglesia apóstata a "religión del estado", acaecieron, durante más de mil años, toda suerte de conflicto espiritual y aun carnal entre las fuerzas del Bien y del Mal, entre las de la Verdad y las del Engaño, conflictos grandes y pequeños que afectaron, literalmente, a miles de millones de almas.

¿Cómo pensar que no se diera ninguna profecía en el Nuevo Testamento para el período tan largo y convulsionado, el que abarca desde el año 312 hasta el siglo XXI? ¿Qué todas las profecías del Nuevo Testamento, en particular, las de Apocalipsis, fuesen limitadas a los años antes del 476 d. C., o antes del 312 d. C., o tan solo a la década de los años sesenta del siglo I? Poco lógico, a nuestro entender.

(2) Reflexionando un tanto y comparando, preguntamos: ¿No dio Dios profecías al pueblo de Israel que cubrieran casi todo el tiempo de su existencia como pueblo escogido? Entonces, ¿por qué habría de dejar a su pueblo electo actual, o sea, la iglesia, sin profecías para casi todo el tiempo de su vida y obra en la tierra?

Mi convicción es que el Dios Soberano instruyó proféticamente a su iglesia para que en todo tiempo sus miembros sabios estén preparados para enfrentarse a las fuerzas que los afecten a lo largo de la Era Cristiana, hasta la culminación de esta al regresar Cristo en victoria. Esta convicción nuestra será puesta a prueba al seguir desarrollándose este Comentario.

e) Abordamos de nuevo nuestras "Naves del tiempo" y regresamos pronto, sin hacer escalas, al tiempo en el que nos toca vivir. Ya tenemos delante de nosotros el largo panorama, a grandes rasgos, de la historia de la Era Cristiana desde el año 95 hasta el presente. Lo tendremos siempre como trasfondo indispensable para el desarrollo de la interpretación correcta de las profecías y visiones apocalípticas.

 


 

Contenido completo del Capítulo Uno

Apocalipsis: su relevancia para el siglo XXI. Su cumplimiento progresiva confirmada. Lista del contenido completo del comentario, incluso las imágenes

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